Textos


De Del abismo

Poema VIII

                                         allá

                 en la otra calle

                 anda perfumado el misterio

aquí

        arrastra la luna

        vientos de encaje negro

Poema XXX

dentro

          muy adentro

           el frío d  o  r  m  í  a

la luna

          des 

                    di

                     bu

                              ja

                             ba

los contornos del alma

danzaba la soledad

su danza macabra

los ojos del viento

al silencio preguntaban

qué era el tiempo

invadido de nada

quién era yo

quién eras tú

desnuda             la muerte

infinita                y              azul

   

Poema XL

mienten las luces

engañan las sombras

estamos ciegos

y a solas


De La orfandad de la piel

Sección Las paredes del insomnio

Poema V

A veces voy hasta el recodo del misterio

me quedo allí

en el vértice de una duda

Me inquieta la certeza de saber solo nombres

Suele ser una maleta vacía mi equipaje de verdad

Una sirena angustiada, una calle, una soledad,

me dejan frente a frente con este ojo

con esta puerta por donde sólo puedo entrar

Nada más hay cajones para archivar los sueños

Nada más cerrojos. Casas vacías.

Todos los vestidos están sucios.

Los zapatos, en el laberinto.

Voy desnuda con mis nombres

dudando si aún existo.

Sección Los pasillos del reloj

Poema IV

Un reloj te dejó la tarde

entre el ojo y la duda

preguntar

o escaparse

lleno de agujas quietas

un minuto

arde

Sección Las arcas del viento

Poema II

Sólo un pálido papel

te recobra

Todo es lluvia y penumbra

en este mar de hojas

Se fueron los ojos

Quedaron las horas

Por la puerta del olvido

gritó mi sombra

Sección Los silencios del espejo

Poema VIII

Conocía la edad de sus silencios.

La encontraba siempre en su protesta

en la tristeza del deseo

en la injusticia del mañana.

Ahora mismo la veía

en sus manos crecidas de sombras

en sus ojos urgidos de respuestas.

Con la garganta descolorida

con el peso de pálidas verdades

desayuna el corazón del lunes

en la zozobra del cemento,

y calla.

La niebla hurga en la plegaria

de las palabras por no ser elegidas,

destapa el olvido del abecedario

pero no el de sus paredes.

Sin guerreros, ventanas de silencio

se abren sin piedad.

Nacen muertos todos los signos.

El verdugo de octubre pregunta por ti.

Te espera.

Lo sabes.

No importa cómo ni por qué, lo sabes.

Traes las palabras indefensas de la lluvia

dedos indelebles dibujando cuerpos

ojos inquietos de cenizas

pasos inciertos de belleza…

Pero no alcanza,

y callas.

Condenados por su memoria

por su filo adverso

amanecen mudos los sonidos.

Mejor así.

Cada palabra seduciendo

cada letra insinuando que puede ser

será luego un verso rengo

anidado en tus grietas.

Crecerá desamparado

pero sin piedad por las otras palabras.

Aquellas, las del amor y la inocencia…

Esas, recluidas en oscuridad de zócalos.

Estas, destinadas a la soledad

de los silencios elegidos.

Sección La espiral del beso

Poema IX

Un minuto oscuro sobre el cascabel del beso

un valle por donde se hace agua la piel

por donde gime el llamado de la noche.

Es tu cuerpo un aljibe de sed.

Perfuma tu pelo la sombra larga de mi espalda

tus labios se pierden en tibias huellas de viento

y corremos

por la cenicienta luz de los amantes

cóncavo cielo de siete lunas

harina que deshago en mis manos

octava nota que provocan tus dedos.


De En el pliegue de la noche

Sección Los nombres del silencio

Poema III

Llegas,

a mi casa y a mi yo

con la prisa peregrina

que conoce el viento.

Alumbras el patio

remueves mis cenizas

hurgas mi costado.

Tus pasos

dislocan mi palabra,

tu voz confunde

mis soledades y desatinos,

tu muda mirada

roe mi esqueleto.

Estás,

como la hoja ligera

en el tallo breve.

como el sonido chispeante

del fuego, del agua,

como el dedo de Dios.

Entonces tienen sentido

mi dolor, mi locura,

mis trampas, mis escaleras,

esta ahogada pesadumbre

de verdad y espera,

este ser yo

ese ser tú.

Partes,

Todo queda innominado y solo,

invisible y distante.

No importa.

Respira entre mis dedos

un latido de sol.

Tú estuviste aquí,

donde mi amor.

Sección El nido del agua

Poema X

Conozco bien los abecedarios inútiles,

extravío de la llave

conciencia de no ser.

O ser desnudo

con ropajes de humo.

Nada más puedo ahora

sino desandar nombres,

figuras, seres, cosas.

Habitar lo imposible y su insistencia,

la porfía y su desatino

entre diagramas y escalas,

recetas y delirios.

Nada puedo ya

sino mitificar el ocaso

o la penumbra de mis labios.

Comprender oscuras las superficies

y el sabor,

pausar ojos y tumbas,

soldados del reloj.

Nada más puedo ahora

sino tomar el viento y su favor,

piel de naranjo,

sinsentido de dios.

Tirar los dados.

Esperar el día y su voz. 

Sección La piel de la semilla

 Poema X

He construido el minuto minúsculo

de este espacio que habito.

Desde la raíz oblicua

de mi verso talado,

desde un yo poblado de espirales,

de grietas inconmensurables,

de porfiadas sombras y luces desveladas.

Desde el dolido amor

lo he construido.

Sin abandonar

sin abandonarme

terrón a terrón

piedra a piedra

he construido este minúsculo espacio

del minuto que habito. 

Sección El sabor del incendio

 Poema V

Desde el silencio

impermeable

cayó una línea torpe

dibujó el filo de mis uñas

el lápiz insomne

la lluvia y la tarde

las hojas tristes del sauce

atravesó la noche

sedienta y descalza

volvió a mis ojos

con letras de agua

una línea mojada

por el beso del alba

escribe tu nombre

en cada palabra

Sección Los crepúsculos del verbo

 Poema VI

No debería escribir una letra más.

Dejar los sustantivos reposar tranquilos

en su sillón de lana.

Que sean interrumpidos çunicamente

por quienes saben usarlos,

desperdigarse por la casa

como luciérnagas verdes

o soplarlos y alumbrar polvo

de lilas amarillas.

Llevarlos de paseo al cine,

a monumentos ilustres,

a casas con jardines.

No merecen mi pesadumbre.

Debo dejarlos descansar

de las preguntas, del desasosiego.

Abrirles todas las ventanas

limpiarlos de sordidez

del amor dolido, de esta mi inutilidad.

Agobiados de vientos y extremas rayuelas

ya no me respetan los adjetivos.

En sus suburbios las cosas tienen nombre propio,

pero nombran lo que no les pertenece.

Ni modo de dibujar la calle mojada

vendaval en la ventana

chapa abollada remedando el cartón

hambre en la costilla, daga en el riñón.

Ni modo de pintar aquella aguda espina dorada.

Solo me quedan verbos.

Hartos de respirarme cada día.

De oírme. De verme ir y venir

ordenando la casa, desordenando los versos

escribiendo naderías.

Nunca podré describir besos,

frutas, o la inocente lascivia de la poesía

en la jungla azul del huracán.

Ciertamente, no debería escribir ni  una letra más. 


De Madera y brújula

Como si fuera mariposa

Te sueño, madre.

En campos de lavanda

despeinas pétalos de viento.

Triguea el horizonte

con el cabello suelto.

Huele a pan la tarde,

a almendras el deseo.

Un capullo blanco

es la forma del verbo.

Una caracola infinita

de lino somnoliento.

Te sueño, madre.

Extiendes tu mano.

Algodonas el desierto.

Sabor a higos maduros

aletea en mi pecho

como si fuera mariposa

la voz del recuerdo,

como si fuera poema

el rostro del tiempo.

Te sueño, madre.

Atraviesas senderos.

Llegas a mi vigilia.

Habitas mi esqueleto.

Tan desnuda tu mirada.

Tan completo tu silencio.

Tan perfecto tu estar siendo.